Esta estupenda película de Roger Corman narra las vicisitudes de un científico que adquiere el poder de ver a través de los objetos. El título de la película "El hombre que tenía rayos X en los ojos" sugiere que este don es adquirido cuando mediante un colirio de su invención, sus ojos obtienen la capacidad de emitir rayos X, así como la habilidad para procesar estos mismos rayos cuando la materia los refleja. Evidentemente el ojo humano no es capaz de captar los rayos X, las células de la retina son muy sensibles en una región muy estrecha del espectro luminoso, pero incapaces de detectar cualquier radiación fuera de ese rango. Un elemento aún más fantástico es la capacidad de emisión de rayos X por parte del ojo. El ojo humano es un órgano totalmente pasivo, limitándose a la recepción de las ondas electromagnéticas.
Lo más sorprendente es que realmente existió una teoría que trataba de explicar la luz como una emisión del ojo. En esta teoría la luz era contemplada como una especie de tentáculo que el ojo lanzaba hacía la cosa vista. El autor de esta desacertada explicación no es el guionista de la película de Corman, sino el genial matemático Euclides. Parece mentira que el "padre de la geometría" cometiera semejante error al atribuir al ojo la capacidad de generar "señales". ¿Acaso el brillante geómetra pudo ignorar que tras la puesta de Sol la visibilidad se reduce drásticamente?, o que el brillo de una vela es suficiente para hacer visible un entorno oscuro. Sin embargo, hay una explicación a semejante disparate. Las teorías que se barajaban en la época respecto a la visión y la luz eran tan absurdas como la sugerida por Euclides, la más pujante defendía que la luz manaba de cada objeto existente. Esta teoría adolece de los mismos problemas, ya que entre otras cosas, no explica por que los cuerpos dejan de emitir cuando el Sol se oculta. Pero además tiene otro serio inconveniente y es que no facilita la geometrización del problema. Euclides, como buen geómetra, prefirió imaginar que unos rayos emergían del ojo y que en línea recta alcanzaban los cuerpos. Esto le permitió establecer un cono de visión y entender como podría influir el ángulo de incidencia en la captación de los detalles. La geometrización de la visión hizo posible entender de forma más precisa fenómenos como el de la reflexión o la refracción, así como comprender como se podían formar las imágenes en los espejos. Euclides probablemente era consciente de los defectos de esta teoría, pero a falta de otra mejor esta le permitía realizar algunos avances. En fin, que los caminos de la ciencia son inescrutables.
Lo más sorprendente es que realmente existió una teoría que trataba de explicar la luz como una emisión del ojo. En esta teoría la luz era contemplada como una especie de tentáculo que el ojo lanzaba hacía la cosa vista. El autor de esta desacertada explicación no es el guionista de la película de Corman, sino el genial matemático Euclides. Parece mentira que el "padre de la geometría" cometiera semejante error al atribuir al ojo la capacidad de generar "señales". ¿Acaso el brillante geómetra pudo ignorar que tras la puesta de Sol la visibilidad se reduce drásticamente?, o que el brillo de una vela es suficiente para hacer visible un entorno oscuro. Sin embargo, hay una explicación a semejante disparate. Las teorías que se barajaban en la época respecto a la visión y la luz eran tan absurdas como la sugerida por Euclides, la más pujante defendía que la luz manaba de cada objeto existente. Esta teoría adolece de los mismos problemas, ya que entre otras cosas, no explica por que los cuerpos dejan de emitir cuando el Sol se oculta. Pero además tiene otro serio inconveniente y es que no facilita la geometrización del problema. Euclides, como buen geómetra, prefirió imaginar que unos rayos emergían del ojo y que en línea recta alcanzaban los cuerpos. Esto le permitió establecer un cono de visión y entender como podría influir el ángulo de incidencia en la captación de los detalles. La geometrización de la visión hizo posible entender de forma más precisa fenómenos como el de la reflexión o la refracción, así como comprender como se podían formar las imágenes en los espejos. Euclides probablemente era consciente de los defectos de esta teoría, pero a falta de otra mejor esta le permitía realizar algunos avances. En fin, que los caminos de la ciencia son inescrutables.
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