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| Giordano Bruno |
La historia de la ciencia también esta llena de episodios misteriosos que pueden excitar la imaginación de cualquiera. Particularmente interesantes resultan aquellos personajes que juegan un papel ambiguo en el desarrollo de la ciencia. Protagonistas casuales del avance o retroceso de la ciencia, cuyo papel en la historia es cuando menos incierto. Giordano Bruno es uno de esos personajes, cuya función en la Revolución Copernicana es difícil de evaluar. Bruno fue un dominico nacido en Napoles en el año 1548 que dedico su vida a la poesía, a la religión y la filosofía. Algunas biografías lo citan como astrónomo, pero aunque hay que reconocerle un verdadero interés por los astros, siempre estuvo muy lejos de aplicar el método científico.
Sin lugar a dudas Giordano Bruno fue un tipo peculiar, con ideas bastante excéntricas. Creía a pies juntillas que el hombre participaba de la divinidad de Dios, al igual que los astros, que tenían alma. Como muchos en su época pensaba que los astros influían decisivamente sobre lo terrenal. Con estas hipótesis, Bruno se creía capaz de influir, incluso controlar la voluntad de cualquier hombre, bastaba con influir sobre las almas de animaban a los planetas . Se trataba de un neoplatónico y su mayor anhelo era lograr el regreso a lo que el llamaba la "verdadera filosofía", una mezcla de neoplatonismo y hermetismo.
Bruno fue un ávido lector de los clásicos, supo de las ideas atomistas de Demócrito y Leucipo a través de la obra de Lucrecio. También debió leer tempranamente De revolutionibus orbium coelestium de Copernico, donde este exponía sus ideas heliocéntricas. La mezcla de estas lecturas con su portentosa imaginación, dibujaron un universo lleno de estrellas y de planetas habitados por criaturas similares a las terrestres. Todas estas ideas las plasmó en La cena de las cenizas, escrita sobre el año 1584. Esta obra es una alocada mezcla de un modelo copernicano mal entendido y de sus teorías neoplatonicas. Además, el libro está escrito de forma críptica, sujeta a varias interpretaciones, aunque todas bastante incomprensibles. El heliocentrismo encajaba perfectamente en sus teorías de los muchos mundos poblados de almas cuasi-divinas, por ello Bruno fue un entusiasta copernicano, y tanto en persona como a través de sus escritos, procuro extender el heliocentrísmo, aunque como hemos visto por motivos poco científicos.
Sus ideas peregrinas no terminaron de cuajar entre sus contemporáneos, no obstante, la inquisición tomo buena nota de sus excentricidades y termino por condenarle a 8 años de prisión. En la cárcel, sin influencia y prácticamente sin seguidores, Giordano no representaba ningún peligro. Sin embargo, los acontecimientos impondrían una lógica algo retorcida que terminaría por llevar a Giordano Bruno a la hoguera. Según palabras del historiador de la ciencia L. H. W. Hull, Bruno era como esos abogados que empeoran la situación de su cliente en cuanto abren la boca y en este caso, para su pesar, el era su propio cliente. Efectivamente, Giordano insistía en enredar su situación metiéndose en política, pretendía incluso convertir al mismísimo papa a su causa filosófico-esotérica. El papado y España encontraron adecuado asar al pobre Bruno, dando así ejemplo a todo aquel que osara salirse de la ortodoxia religiosa o cambiar el equilibrio de poder. En el año 1600 Giordano Bruno fue quemado en la hoguera, ¿terminaría así la historia de nuestro iluminado?.
Si todo hubiese terminado en ese punto, Giordano difícilmente hubiese tenido cabida en la historia de la ciencia. Sin embargo, tras su muerte, un pequeño grupo de intelectuales denominados los "rosacrucianos" empezaron a soñar con el retorno del pitagonismo. Los seguidores de la rosacruz no pudieron evitar la tentación de tomar a Bruno como mártir, así que resucitaron su filosofía para incorporarla a sus místicas pretensiones. Hay que recordar que los pitagóricos eran prácticamente una secta, que guardaban con gran secreto sus hallazgos matemáticos. Inspirados por estos, los rosacrucianos se envolvieron en un halo de misterio y secretismo. Las obras de Giordano hacían las delicias del grupo de rosacruz, tan absurdos que parecían encerrar dobles y triples lecturas, guardando el verdadero conocimiento únicamente a los iniciados. Lo cierto es que con tanto oscurantismo se empezó a tener miedo de los rosacrucianos y pronto el papado temió ataques contra su poder por parte de la subversión rosacruciana.
Galileo era un genio de pies a cabeza y prácticamente un científico en el sentido moderno de la palabra. En nada se parecía a Giordano Bruno, y desde luego sus obras estaban a años luz de distancia, al menos desde el punto de vista científico. Galileo escribía elegantemente pero de forma precisa, sin ambigüedades, casi didáctico (podría considerarsele como el primer divulgador científico). Sin embargo, ya sabemos como son los conspiranoicos y la capacidad que tienen para encontrar oscuridad y secretismo allí donde miran. De esta forma, para muchos, la claridad de Galileo a la hora de redactar encerraba en realidad un doble significado hábilmente oculto tras una aparente simplicidad. Además, Galileo había elegido la formula del dialogo para escribir su magna obra, Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, justo igual que la Cena de Bruno. En este trabajo Galileo defiende las ideas copernicanas, explicando de forma sencilla los argumentos científicos que encuentra a su favor.
Antes de escribir los Diálogos Galileo ya estaba en el punto de mira de la iglesia, de hecho el "martillo de los herejes", Roberto Belarmino ya había planeado amonestarle por sus ideas heliocéntricas. Da la casualidad que fue precisamente Belarmino quien dirigió la causa contra Giordano Bruno y que dio como resultado la combustión forzada de Bruno. Para colmo de males , a Galileo le salio un defensor del tipo que uno no desea ni a su peor enemigo. Un tal Tommaso de Campanella, fraile dominico, apostata e intrigante político, encerrado por haberse rebelado contra el poder de los Habsburgo. Escribió en 1617 Apología de Galileo, con la intención de apoyar al genial científico. El documento ignoraba el contenido científico del trabajo de Galileo, pero le ensalzaba comparándole con Copernico y con Bruno. Campanella, al unir intelectualmente a los dos científicos con el irreflexivo Bruno les estaba haciendo un flaco favor, ya que la imagen de Bruno estaba irremediablemente ligada a las intrigas políticas, a la herejía y al secretismo de los rosacrucianos.
Con este panorama, Galileo se atrevió a publicar una de las más importantes obras literarias y científicas de la historia, su Dialogo. Como no podía ser menos la obra de Galileo fue del todo incomprendida. El cuerpo humeante de Bruno, el fanatismo de Campanella y la paranoia rasacruciana no daban lugar a otra cosa y terminaron por condenar la obra de Galileo. Por suerte, la historia hace mucho tiempo que a puesto a Galileo en el lugar que le corresponde. Por otro lado, a Giordano Bruno se le ha reservado un lugar en la ciencia que no le pertenece por merito propio, muchos libros aún le citan como mártir de la ciencia, pero hemos visto que realmente no fue así. Si acaso resulto un incomodo aliado, más un lastre que un apoyo al avance de la ciencia. No obstante hay que agradecerle dos cosas, la primera es que sugiriera la unión del atomismo clásico con las ideas heliocéntricas. La segunda es que haya aportado algo de intriga a la historia de la revolución copernicana dándole aún más emoción al transcurrir de los hechos .
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| Tommaso Campanella |
Antes de escribir los Diálogos Galileo ya estaba en el punto de mira de la iglesia, de hecho el "martillo de los herejes", Roberto Belarmino ya había planeado amonestarle por sus ideas heliocéntricas. Da la casualidad que fue precisamente Belarmino quien dirigió la causa contra Giordano Bruno y que dio como resultado la combustión forzada de Bruno. Para colmo de males , a Galileo le salio un defensor del tipo que uno no desea ni a su peor enemigo. Un tal Tommaso de Campanella, fraile dominico, apostata e intrigante político, encerrado por haberse rebelado contra el poder de los Habsburgo. Escribió en 1617 Apología de Galileo, con la intención de apoyar al genial científico. El documento ignoraba el contenido científico del trabajo de Galileo, pero le ensalzaba comparándole con Copernico y con Bruno. Campanella, al unir intelectualmente a los dos científicos con el irreflexivo Bruno les estaba haciendo un flaco favor, ya que la imagen de Bruno estaba irremediablemente ligada a las intrigas políticas, a la herejía y al secretismo de los rosacrucianos.
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| Galileo |
Con este panorama, Galileo se atrevió a publicar una de las más importantes obras literarias y científicas de la historia, su Dialogo. Como no podía ser menos la obra de Galileo fue del todo incomprendida. El cuerpo humeante de Bruno, el fanatismo de Campanella y la paranoia rasacruciana no daban lugar a otra cosa y terminaron por condenar la obra de Galileo. Por suerte, la historia hace mucho tiempo que a puesto a Galileo en el lugar que le corresponde. Por otro lado, a Giordano Bruno se le ha reservado un lugar en la ciencia que no le pertenece por merito propio, muchos libros aún le citan como mártir de la ciencia, pero hemos visto que realmente no fue así. Si acaso resulto un incomodo aliado, más un lastre que un apoyo al avance de la ciencia. No obstante hay que agradecerle dos cosas, la primera es que sugiriera la unión del atomismo clásico con las ideas heliocéntricas. La segunda es que haya aportado algo de intriga a la historia de la revolución copernicana dándole aún más emoción al transcurrir de los hechos .



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